
Tras el terremoto de magnitud 7,4 que golpeó Colombia el pasado 10 de agosto, las marcas también pueden convertirse en parte de la respuesta. El Tizoncito, presente en Bogotá, ha puesto en marcha una campaña solidaria por la que donará a Cruz Roja el importe del primer taco al pastor de cada cuenta, demostrando cómo una red de franquicias puede movilizar rápidamente clientes, establecimientos y recursos ante una emergencia.
¿En qué consiste la campaña solidaria de El Tizoncito?
Bajo el mensaje “Comamos con el corazón”, El Tizoncito ha querido acompañar a Colombia en uno de sus momentos más difíciles.
Durante la campaña, que se prolongará hasta el lunes festivo, el importe correspondiente al primer taco al pastor de cada cuenta se destinará a Cruz Roja para contribuir a la atención de las familias afectadas.
La iniciativa parte de una idea sencilla: convertir un gesto cotidiano, sentarse a comer, en una forma de ayudar. El cliente no tiene que modificar su consumo ni realizar una aportación adicional; es la propia marca la que transforma una venta en una donación.
El mensaje resume además el espíritu de la acción: “porque la hermandad no tiene fronteras”. México y Colombia quedan unidos estos días no solo por la presencia de El Tizoncito en ambos mercados, sino por una solidaridad que trasciende países.
¿Por qué es especialmente importante la ayuda en estos momentos?
El terremoto del 10 de agosto tuvo su epicentro cerca de San José del Palmar, en Chocó, y provocó graves daños en diferentes departamentos del oeste colombiano. La Cruz Roja Colombiana mantiene desplegados equipos de búsqueda, rescate, atención sanitaria y apoyo humanitario en las zonas afectadas.
Las necesidades continúan evolucionando mientras avanzan las labores de emergencia. En estas circunstancias, la capacidad de empresas y ciudadanos para canalizar recursos hacia organizaciones especializadas puede convertirse en un apoyo importante para las comunidades damnificadas.
¿Qué capacidad tienen las franquicias para reaccionar ante una emergencia?
Una red de franquicias cuenta con algo especialmente valioso en una situación de este tipo: capacidad de movilización.
Los establecimientos funcionan como puntos de contacto con miles de personas, mientras que las redes sociales, las bases de clientes y la propia notoriedad de la marca permiten amplificar un mensaje en muy poco tiempo.
Cuando esta estructura se utiliza para una causa social, una iniciativa local puede alcanzar rápidamente una dimensión mucho mayor. Una donación vinculada a cada compra permite además que los propios clientes participen indirectamente en la acción.
Por eso, las franquicias no son únicamente sistemas preparados para replicar negocios. También pueden convertirse en redes capaces de movilizar solidaridad, recursos y visibilidad cuando la sociedad más lo necesita.
¿Puede una acción solidaria formar parte de los valores de una marca?
La responsabilidad social resulta más creíble cuando nace de una situación concreta y mantiene coherencia con la identidad de la empresa.
El Tizoncito llegó a Colombia con un discurso centrado precisamente en la unión entre culturas. La marca mexicana define su presencia en el país como una forma de compartir gastronomía, historia e identidad con los colombianos.
Ante la tragedia, ese vínculo adquiere otra dimensión. Estar presente en un mercado significa también sentirse parte de lo que le ocurre a su comunidad.
No se trata únicamente de comunicar solidaridad, sino de convertirla en una acción tangible.
Las marcas también pueden generar impacto más allá del negocio
La expansión internacional de una franquicia crea relaciones que van mucho más allá de abrir establecimientos. Genera empleo, integra proveedores, reúne equipos locales y construye comunidades de clientes.
LATAM NETWORKS trabaja precisamente en la expansión internacional de marcas latinoamericanas y conoce la importancia de entender cada mercado desde una perspectiva empresarial, pero también cultural y social.
La iniciativa de El Tizoncito en Colombia muestra otra cara del sistema de franquicias: la capacidad de utilizar una estructura empresarial para responder con rapidez, sumar pequeñas aportaciones y generar un impacto colectivo en momentos especialmente difíciles.
Porque algunas veces compartir una mesa puede significar mucho más que comer. Esta vez, comer un taco también puede ser una forma de acompañar a quienes hoy necesitan ayuda.


